Wednesday, April 22, 2015

Noticia: "Pablo Iglesias regala la serie 'Juego de Tronos' al rey Felipe VI"



Foto cortesía de El País
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Recientemente, el rey Felipe VI visitó varias instituciones de la Unión Europea, y cuando estaba en la Eurocámara, tuvo su primer encuentro con Pablo Iglesias, el líder de Podemos. En esta breve reunión, Iglesias decidió regalarle las temporadas de Juego de Tronos al rey. Aunque fue un gesto sorprendente, y aunque esta acción saltó el protocolo real, Felipe VI recibió el regalo con gratitud y dijo a Iglesias que “me parece muy bien, no la he visto.” Supongo que mucha gente, incluso yo, no anticipaba este presente, pero me parece gracioso y respetable que Iglesias tuviera el coraje de dar un producto de cultura popular al rey justo después de conocerle. Iglesias también dijo que entregó la serie de televisión al rey para que “le dé las claves sobre la crisis política de España,” pero me pregunto si había otras razones. Cómo el rey, no he visto la serie, pero sería interesante si se pudiera comparar los temas de Juego de Tronos con la situación política actual de España. Además, la serie es muy popular entre los adolescentes y votantes más jóvenes, e Iglesias ya ha dicho que es un aficionado de ella, así que dar las cuatro temporadas a Felipe VI es algo que podría agradar a su grupo grande de partidarios jóvenes.

El próximo Messi


Estaba de pie a un lado del túnel. Al final del camino, vislumbré el césped artificial. Todos mis compañeros de equipo estaban delante de mí. Cerré los ojos y oí los gritos de entusiasmo del público. Casi cien mil personas estaban de pie, como yo, dando palmadas y volviéndose locas. La voz del locutor sonó en los altavoces, indicando que era la hora de ir a la cancha. Mis compañeros empezaron a moverse, andando con propósito y confianza. Cuando llegó la hora, fui andando como un guerrero a punto de entrar en batalla. Subí los últimos pasos, y cuando el locutor gritó mi nombre, me levanté los brazos en el aire triunfalmente y abrí los ojos.

            “No pases por esta línea,” dijo el guarda. Miré al campo desocupado y el estadio casi vacío. La visita al Camp Nou continuó a la izquierda.

La luz nunca muere


Durante el amanecer, los barcos siempre nos esperan. Eran las siete de la mañana, y el círculo brillante se elevó sobre las nubes y pintó el cielo con una mezcla de amarillo y azul. Llegamos tarde, pero el barco se quedó en el mismo lugar. La máquina de billetes no funcionaba, pero unos hombres nos dejaron embarcar. Abrimos las puertas del paraíso, y en ese momento, el barco salió a la estación y entró a los canales de Venecia. Nuestro tren a Roma iba a salir en menos de una hora, pero en un barco rodeado por agua, en medio de una ciudad construida encima del mar, el miedo de perder el tren desapareció. Me sentía atrapado en el presente, viendo el reflejo del sol en las alas pequeñas y las filas de edificios antiguos que antes de esa mañana solo podía imaginar. Estaba listo para la gran aventura; no solamente la jornada de la próxima semana, sino las posibilidades enormes del futuro. El sol brilló más fuerte, el barco se llenó de más gente, y mi corazón latió con una velocidad feroz. Era la hora de explorar.


Las nubes nunca dejan de moverse. Cuando el resto del mundo está quieto, ellas están despatarradas a través del cielo, creando nuevas formas - las expresiones artísticas de la naturaleza. Y cuando el cielo está despejado, siempre hay una nube moviéndose hacia un destino incierto, esperando la compañía de las otras nubes que han ido temporalmente.


Una manta blanca me siguió a Roma. En una ciudad tan histórica, con montones de estructuras antiguas y evidencia de miles de años de vida, era difícil captar la singularidad de cada momento. En los dos días que estuve allí, traté de ralentizar el tiempo y perderme en el aire caliente y las calles ruidosas, pero como las nubes, no pude parar. Sin embargo, la emoción de viajar me transportó de una actividad a la siguiente, y acepté la continuación del movimiento.

La manta blanca también viajó conmigo a Santorini, la isla mágica de Grecia. Aquí, las imágenes del mar, con varias islas de miniatura sentadas encima del agua, no me parecían reales. Había viajado a otro mundo, con volcanes, burros, y casas el color de las nubes; fenómenos que antes de esa semana estaban fuera de mi idea de la realidad. Gasté mucho tiempo haciendo nada más que mirar las vistas increíbles y oír los sonidos de pájaros, aviones, y el viento, y de alguna manera, en esos momentos las horas pasaron más rápidamente. En uno de los días finales, caminé al punto más al norte de la isla para ver el anochecer. Cuando las nubes tragaron el sol y el cielo se convirtió en un lienzo con pinceladas moradas y anaranjadas, me sentí lo más pequeño en toda mi vida. Vi la curva del mundo, y el mar Egeo extendiéndose en todas direcciones. Era una gotita en un universo con millones de planetas y galaxias. Pero, con la belleza de esta foto perfecta que había entrado vino una sensación de tristeza. Quería tomar todo lo que veía y preservarlo en mi mente para siempre. No quería aceptar la impermanencia de una memoria. Cerré mis ojos, respiré muy profundamente, y regresé a las casas blancas en el pueblo de Oia.


De repente, cuando estaba caminando, miré arriba al cielo y vi la luna, brillando con una fuerza comparable con la del sol. Un rayo de luz blanca estaba reflejado en el mar, brindando una sensación de seguridad entre la oscuridad. Mientras estaba enfocando en el reflejo de la luna, me di cuenta de la importancia de la memoria. Es imposible entender un viaje a un mundo tan extraño y diferente sin reflexionar después de la experiencia. El lunes, cuando subí al avión para volver a España, no estaba resistiendo el movimiento de las nubes. Esta aventura había terminado, pero sabía que la Semana Santa se quedaría en mi mente. Tenía ganas de recordar los tiempos especiales, y de ir a más mundos nuevos en los años siguientes. El anochecer había pasado, pero la luz todavía existía.






Wednesday, April 15, 2015

Noticia: "¿Es mejor el ejercicio duro que el moderado?"



Foto cortesía de El País
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Este artículo resume unos estudios que indican que el ejercicio más intenso tiene un mejor efecto en la salud que el ejercicio moderado. Un estudio reciente incluyó dos grupos: uno con personas que hacía actividades no tan físicas, y otro ejercicios más duros. Después de ver los resultados, los expertos decidieron que las actividades más serias e intensas pueden bajar el riesgo de mortalidad prematura entre nueve y trece por ciento. Por eso, es posible que la cantidad de ejercicio semanal que los doctores recomiendan vaya a cambiar, y que los médicos vayan a sugerir que sus pacientes hagan más horas de ejercicio arduo.

            Teniendo en cuenta mis propias experiencias, estoy de acuerdo con las conclusiones de este estudio. No soy experto, pero cuando hago ejercicios muy fatigosos, como jugar baloncesto o correr con rapidez, me siento mucho mejor y más saludable físicamente y mentalmente. Después de unas horas de jugar al baloncesto, mi humor siempre mejora, me siento vivo y seguro, y puedo pensar claramente. Recomiendo este tipo de ejercicio a todos, porque me pone en un estado de ánimo mejor que cuando solamente levanto pesas o ando un poco. Sin embargo, es importante que recuerdes hacer todo con moderación; no debes jugar o correr hasta que estés a punto de sufrir una lesión.

Noticia: "Crítica de 'El año más violento'"


Foto cortesía de El País
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El año más violento es una película dirigida por J.C. Chandor. Es un drama que está ambientado en Nueva York, en el año 1981, y el protagonista está interpretado por Oscar Isaac. En esta crítica de la película, el escritor compara el estilo de dirección de Chandor al de Sidney Lumet, el famoso director que murió en 2011, pero también cree que Chandor mantiene su singularidad y no trata de copiar a Lumet. Después de leer la crítica, estoy muy interesado en la película, y la descripción del autor de la fotografía, el tono, y los personajes me intriga. Mi género de cine preferido es la acción y los thrillers, y esta película parece intenso y con personajes muy ambiguos y complejos. Además, esta noticia me enseña unas técnicas que puedo utilizar para pintar el ambiente de una película en mis propias críticas, como el uso de metáforas y adjetivos descriptivos (“la película es sutil, hermosa, y brutal”).